martes 24 de noviembre de 2009

Los malditos (V)

—¿Por qué? ¿Quién quiere matarnos?

—Los que son como yo quieren matarnos por esto que acaba de pasar, y por lo que sentimos. Está prohibido.

—¿Tenéis prohibido amar?

—Podemos amar, pero sólo entre nosotros.

—Y… ¿ya lo saben?

—No creo, pero si continuamos con esto sí se enterarán. Estoy vigilada. Por suerte esta noche mi guardián ha salido de… —se detuvo a media frase.

—¿Dónde ha salido?

Dudó unos segundos, pero finalmente lo dijo.

—De caza. Pero ya hablaremos de esto en otro momento. O no, pero tienes que marcharte enseguida. Si les das esto a Los Cazadores todo terminará y ellos no te buscarán.

—¿Qué parte de “no voy a dárselo” no entiendes? Quiero estar contigo, me pase lo que me pase.

Erika volvió a levantarse de la cama, se secó las lágrimas del rostro y empezó a ir de un lado al otro, pensando.

—Tiene de haber alguna manera de que no te maten ni unos ni otros.

Joaquín tragó saliva. Era verdad; si no le mataban Los Cazadores lo harían los otros, que no sabía ni qué eran. Pensó en sus padres, en cómo se sentirían si lo encontraran muerto. Y tenía una hermana menor. Si había alguna solución a su problema se le escapaba por los dedos.

—Hay una solución para que no te maten —dijo de repente Erika —; pero tendrás que dejar toda tu vida atrás.

—¿Qué quieres decir con eso?

—Que tendremos que marcharnos de aquí. Para siempre.

—¿Para siempre?

—Y no podrías decirle nada a nadie.

Silencio. Erika le acercó otra vez el collar envuelto con la ropa roja.

—Pero si les das esto todo habrá terminado.

Joaquín la miró, pero no se movió ni cogió el collar. ¿Sería capaz de dejarlo todo por ella? No tuvo que pensárselo demasiado.

------------------------------------------------------------------------------

Como me estaba aburriendo de estudiar (sí, mañana tengo examen) he decidido haceros un regalito inesperado a los que leéis este relato ^^

Por cierto, encontraréis una encuesta en la columna de la izquierda ;)

¡Nos leemos!



¡EDITO!

Ya tengo la solución: publicaré relatos que he escrito originariamente en catalán, pero los traduciré al castellano. Pondré las 2 versiones.

¿Qué os parece?

sábado 21 de noviembre de 2009

Los malditos (IV)

Rozó sus labios. Erika no se apartó, sino al contrario: se lo devolvió. El beso fue increíblemente dulce, las manos de la chica se perdieron por el pelo negro de Joaquín. Las suyas sujetaban el rostro de ella, quizás porque temiera que desapareciera de un momento a otro. Pero no opuso resistencia cuando ella se separó. Le miró a los ojos. ¿Estaba a punto de llorar?

—Esto no puede ser.

— ¿Por qué?

—No puedo.

Erika se levantó de la cama y se dirigió hacia un estante, abrió un joyero y sacó un colgante de color rojo.

—Aquí tienes tu prueba. Vete.

Joaquín también se levantó y se puso delante de ella.

—No, no se lo voy a dar.

—Tienes que hacerlo. Por el bien de todos.

—Te… harán daño.

—Que me lo hagan, así yo no podré hacer daño a nadie más.

Cogió un pedazo de ropa roja del mismo estante, envolvió el colgante y se lo tendió a él.

—No voy a dárselo.

—Sí lo harás.

Todavía se acercó más a ella. Los separaban apenas unos centímetros.

—No puedes obligarme.

—Si no tengo otra opción lo haré —estaba a punto de llorar.

El chico le acarició el rostro suavemente, y Erika no pudo reprimir sus lágrimas por más tiempo. Los dos volvieron a sentarse en la cama, Joaquín la consolaba acariciándole su precioso pelo color chocolate.

—Lo intenté, lo intenté. Pero ya no puedo aguantarlo más. Eres tan bueno, tan encantador… No puedo seguir alejándome de ti, no puedo…

—¿Y por qué tendrías que alejarte de mí?

Erika levantó la cabeza y le miró. Las lágrimas todavía salían a borbotones de sus ojos.

—Porque ahora los dos estamos en peligro de muerte.

domingo 15 de noviembre de 2009

Los malditos (III)

Joaquín pensó qué tenía que decirle. Sabía que si le decía alguna mentira lo sabría. Así que optó por la verdad.

—Que eres un demonio.

Erika sonrió. En aquel momento no le pareció diabólica ni nada que se le pareciese. Al contrario, parecía triste.

—Y ¿tú qué crees?

Lo miró con esos preciosos y cautivadores ojos oscuros, y no pudo hacer más que volver a ser sincero.

—Yo no lo creo.

—Parecías asustado cuando te he hablado.

—Porque tenía miedo. Pero ahora que te he visto…

—No parezco tan diabólica, ¿no? —sonrió con un soplido.

—No —admitió Joaquín —. Pero estás diferente.

—A partir de medianoche mi aspecto cambia un poco.

Silencio. Pero otra vez lo rompió Erika.

— ¿Y qué andabas buscando por aquí?

—Nada en especial… algo que… —Joaquín calló.

—Algo que me delatara.

El chico asintió.

— ¿Y qué pasaría si encontraras algo? ¿Se lo darías?

Tragó saliva. Lo estaba mirando fijamente a los ojos. No podía mentir. Pero la verdadera cuestión no era mentir o no… era saber lo que haría.

—Si no les das nada sospecharán de ti. Pensarán que quieres encubrirme.

—Pero si llevo algo te descubrirán —no había pensado antes de decirlo. Se sonrojó.

Erika se acercó a él y le acarició la mejilla izquierda.

—Sabía que no eras como ellos; eres una monada. Pero no me gusta que te arriesgues por mí.

—Me da igual lo que me hagan; estoy harto de ellos.

—No lo dudo. Pero no dejaré que te hagan daño por mí. Sé defenderme sola.

—No quería…

—Lo sé.

Tenía una sonrisa tan perfecta que Joaquín no podía dejar de mirarla. Esos labios color carmín, esos ojos oscuros. Lo había cautivado.

Estaba tan embobado en estos dos puntos del rostro de Erika que no se dio cuenta de lo que estaba haciendo hasta no tuvo ocasión de echarse atrás.

miércoles 11 de noviembre de 2009

Deseo

Este relato es diferente al de Los malditos, pero tenía que publicarlo. Alba, de Letras y Escenas, me dio la idea con una entrada muy interesante que publicó en su blog.

Ya diréis qué os parece ;)



Carlos estaba solo en su habitación. Tenía la música a todo volumen. No le preocupaba molestar, porque sus padres se habían ido a pasar el fin de semana a la playa, y no tenía esos odiosos vecinos que cada dos por tres te molestaban con sus triquiñuelas, porque, de hecho, la casa más cercana a la suya estaba a doscientos metros, y a esa distancia no había nada por qué preocuparse.

A lo que iba, el chico, de cuerpo escultural, músculos trabajados no en exceso en el gimnasio, alto, guapo, pelo castaño, ojos oscuros y piel morena, estaba tumbado en su cama, sin hacer nada sino pensar. ¿Y en qué pensaba?, os preguntaréis. Pues en esos ojos grises que le volvían loco, en ese pelo rubio que quería peinar con sus dedos, en ese rostro suave que quería acariciar con sus manos, y en esos labios finos que deseaba con ansias besar. Suspiró; lo que daría por escuchar su voz en ese momento…

Sonó el teléfono de casa. Cogió el inalámbrico que tenía encima del escritorio.

-¿Diga?

-Hola Carlos, soy Ángel. ¿Te apetece ir a tomar algo?

El joven sonrió, y su corazón empezó a palpitar con fuerza. Era él, y quería quedar con él.

-Claro.

sábado 7 de noviembre de 2009

Los malditos (II)

Su voz era tranquila, pero se asustó igualmente. No gritó de milagro. Se volteó lentamente y se encontró cara a cara con ella. Intentando no quitarle el ojo de encima miró hacia la cama; estaba igual que antes. Parecía tan evidente que estaría durmiendo allí que no se había percatado de que no había nadie. Eran las cuatro de la madrugada y Erika acababa de volver a su casa.
—Te he hecho una pregunta.
—Lo… lo siento.
—Eres uno de Los Cazadores, lo sé.
Joaquín se quedó sin palabras. ¿Cómo sabía ella el nombre del grupo? Nadie lo sabía, sólo los que pertenecían a él.
El miedo debió de verse reflejado en sus ojos, porque Erika sonrió; no con superioridad, sino con calidez.
—Y supongo que tú eres el novato, ¿verdad?
Asintió, sin poder hablar. Ella también lo sabía todo.
—No te haré daño, tranquilo. Pero me gustaría que me escucharas. Siéntate.
Joaquín se sentó en la cama.
—Si no te importa, encenderé la luz. Me gustaría verte bien la cara.
La chica no se movió, así que supuso que esperaba una respuesta. Miró hacia la ventana; la persiana estaba arriba.
—No están aquí, tranquilo; están durmiendo pacíficamente en sus casas. El novato siempre hace el trabajo sucio mientras ellos descansan en la cama —hizo una pausa y ella también miró hacia la ventana—; pero si tienes que sentirte más seguro…
La persiana bajó sola, sin estrépitos y sin que nadie moviese un milímetro.
— ¿Puedo encenderla ya?
—Sí, sí.
Al fin pudo verla. Tenía un aspecto diferente al que presentaba en el instituto: tenía los ojos más oscuros, la piel más pálida, y los labios rojo carmín. Parecía mayor; y estaba más guapa. Se sonrojó.
—No te había visto nunca tan de cerca —dijo ella—. Lo que no entiendo es que un chico como tú vaya con ellos.
—Por obligación.
Erika hizo una mueca.
—Entiendo.
Hubo un silencio, pero pronto fue interrumpido por otra pregunta.
— ¿Qué te han dicho de mí?

viernes 30 de octubre de 2009

Los malditos (I)

Con miedo entró en la habitación de la chica. No porque pudiese descubrirle, hacerle daño o matarlo, sino porque si encontraba algo que pareciese sospechoso ellos la matarían sin pensárselo dos veces.

Todavía recordaba el día en que la conoció: el 7 de enero; hacía 2 meses. Había llegado al instituto después de navidad. No se sabía demasiado sobre su pasado, sólo que venía de las Islas Baleares, y que vivía con su madre.

Él pertenecía al grupo de Los Cazadores. Lo cierto es que nadie conocía ese nombre, pero ellos mismos se llamaban así. Joaquín no había entrado en el grupo por voluntad propia, fue más bien su mala suerte la que le involucró en todo aquello. Un día descubrió lo que hacían aquellos cinco chicos en un bosque cercano al pueblo pirineo, y las dos únicas soluciones viables, según Los Cazadores, eran matarlo o dejarlo con vida, pero si permanecía vivo tenía que pasar a formar parte de ellos. El chico no tuvo otra opción que entrar en el grupo. Y allí estaba él, entrando en una casa en plena noche porque ellos se lo habían mandado. No sabía exactamente qué tenía que encontrar, pero sí sabía que no podía marcharse de allí sin algo, o simular que no había encontrado nada. Ellos lo sabían todo de él con solo mirarlo a los ojos. Todo.

La habitación estaba completamente a oscuras, pero eso no suponía ningún problema para Joaquín. Una ventaja de pertenecer a Los Cazadores: visión nocturna. Así pues, echó un vistazo general del lugar e intentó identificar el escondite perfecto para un secreto. No se puede decir que la habitación fuese como la de cualquier chica adolescente. Prácticamente no había nada pegado a la pared, las pocas cosas que había no eran pósters de ídolos ni fotografías de amigas, sino fotografías oscuras y algún que otro dibujo un tanto tétrico. Estaba tan absorto mirando todo aquello que no oyó, a pesar de lo desarrollado que tenía también ese sentido, que alguien estaba de pie a dos metros de él.

— ¿Buscas algo?

Era ella.


-------------------------------------------------------------------


Bueno, pues ya estoy de vuelta. La verdad es que esta pausa me ha ido de maravilla, y vuelvo con muchas ganas de escribir ^^

No actualizaré cada día, ni mucho menos, sino que creo que haré una o dos por semana.


Un abrazo muy grande a tod@s!


Nos leemos :)

lunes 26 de octubre de 2009

No, no me he volatilizado :P


¿Qué tal todo? Yo un poco estresada con la uni y eso, pero llevándolo todo con más o menos organización ;)
El miércoles tengo mi primer examen de segundo de Periodismoo! (y, encima, tengo 2)

Bueno, esta entrada es sólo para deciros que espero volver pronto con más historias (ya estoy trabajando en ellas ^^) y mucha más energía!
Me he ido pasando por vuestros blogs (aunque no siempre haya comentado), pero esta extraña ausencia se terminará pronto ;)
No puedo deciros una fecha exacta, pero espero que se antes de empezar el próximo mes jiji

Un abrazo a tod@s y ¡hasta pronto!