sábado, 5 de diciembre de 2009

Los malditos (VII)

Erika se deshizo del abrazo de Joaquín y se arrodilló delante de la mujer.

—Levántate, bonita. Todo está bien.

Hizo lo que le mandaron y volvió a sentarse en la cama, al lado de su amado.

—Así que el amor surgió, ¿eh? Quién lo habría dicho, un cazador y una maldita. Y ahora el cazador quiere que lo maldigan. Y todo para que puedan estar juntos para siempre.

Los miró con atención. Los dos muchachos no sabían qué hacer ni qué decir.

—Tus habilidades como cazador te irán increíblemente bien, si decides transformarte. —hizo una pausa—. Es la primera vez que me encuentro con uno de los tuyos que quiere ser como nosotros.

Joaquín y Erika se miraron.

—¿Por qué un Cazador quiere transformarse en su enemigo? —preguntó la mujer.

Un breve silencio.

—Porque amo a Erika y nunca quise ser un Cazador.

La mujer se lo pensó y luego sonrió.

—Buena respuesta, chico. Pero quiero que sepas que nosotros, al contrario de Los Cazadores, te dejamos escoger si quieres transformarte o no, ¿verdad Erika?

—Por supuesto. Nunca te obligaría a hacer nada que no quisieras —dijo, más serena.

—Quiero hacerlo —dijo con una voz clara y segura.

La sonrisa de la mujer se ensanchó.

—Está bien, entonces. ¿Me acompañáis?

Los dos chicos se levantaron de la cama y la siguieron por el pasillo de las habitaciones.

—No temas, será rápido; y hay cosas que duelen más, créeme —le dijo la mujer.

Joaquín tragó saliva, pero continuó siguiéndola por la casa, que estaba a oscuras.

3 comentarios:

Angi dijo...

cristina!!! es increible!!! me encanta!!
suerte con los examenes!

Anabel Botella dijo...

Está muy bien. Esto me sugiere al principio de un libro. A ver qué sale de esta historia.

Un besito ;)

Sora dijo...

Ay madre lo que le debe de esperar a Joaquín. Creo que esta es la mejor parte de la historia. Espero que siguieras así.

Cuídate mucho,

Sora